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Del trabajo rural en Valle Azul a una misión del ejército argentino en la Antártida

Sin que la familia prácticamente supiera su pasión por formar parte del Ejército, una vez finalizados sus estudios de nivel medio Guillermo Gonzalo decidió a los 18 años de edad dejar atrás aquella vida ligada al trabajo rural para cumplir su sueño. Hoy, con 36 años, ya alcanzó el rango del Suboficial y desde fines del 2018 se encuentra cumpliendo una misión militar en la Antártida, precisamente en la Base Esperanza.

Así como en 1904 se izó por primera vez la Bandera Argentina en las Islas Orcadas del Sur de la Antártida Argentina, en el 2018 también lo hizo Valle Azul a través de los colores patrios en las manos de Guillermo.

De la fertilidad de su tierra y su clima apto para la producción, a vivir en el lugar más inhóspito de la tierra, de bañarse en las aguas del río Negro a estar rodeado de la naturaleza blanca y con el clima más extremo, de cosechar peras y manzanas en la chacra a realizar la misión en el fin del mundo. Así transcurren los días para Guillermo desde fines del 2018 y continuarán por el lapso aproximado al año, tiempo en el que deberá regresar del sexto continente para reencontrarse con sus tres hijos en Las Lajas.

“De pasar a ser una sorpresa cuando eligió ser militar, hoy nuestro hijo representa el orgullo de toda la familia”, comentó a LCRegina Florencio, el papá del azuleño que se encuentra en la Antártida.

A la hora de comentar cómo fueron los últimos días de su hijo en Valle Azul, Florencio señaló que con el dinero que había obtenido de su trabajo en la chacra y de otra suma económica que logró que le prestaran fue como logró pagar la inscripción para ir a la Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento Cabral. “Insisto, para nosotros fue toda una sorpresa, nunca hubiésemos imaginado eso”, reiteró.

Luego continuó su capacitación ligada a lo militar y, entre otros cursos, pasó por el Comando Antártico Argentino de Buenos Aires, el Ejército Argentino de Las Lajas y se perfeccionó en la nieve. A lo largo de su formación fue elegido mejor compañero, recibió una distinción y gracias a su experiencia llegó la oportunidad de la misión en la Base Antártica Esperanza.

‘Permanencia, un acto de sacrificio’, es el lema de Base La Esperanza, claro reflejo de lo que fue la perseverancia de Guillermo para alcanzar su meta y hoy significar, además, el orgullo de toda la familia Gonzalo en Valle Azul.

“Así como para nosotros esto representa un inmensa alegría, espero que también sea una puerta de oportunidad y un ejemplo de que sí se puede para muchos aquellos jóvenes que quizás dudan de la concreción de sus metas o sueños. Hay que proponérselo y perseverar, sólo así se puede llegar”, concluyó el papá de Guillermo.



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